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¿Hay arte en la música comercial?

Escrito por Nast.yna (Karne Kulture)

La necesidad de las productoras comerciales por etiquetar la música se desdibuja en la calle mediante el gran embudo de “música comercial”.

A medida que la accesibilidad al consumo de música, por la democratización de los medios de consumo, crece y crece, son cada día más y más los estilos musicales y etiquetas que definen las creaciones de los artistas musicales.

El trabajo de etiquetar y encasillar cada canción puede ser asociado con las necesidades de controlar y clasificar; poder definir rápida y fríamente una creatividad para mantener una sensación de control. Las etiquetas, gracias al cielo, son infinitas, y cada día se entremezclan más y más, en parte porque los artistas no quieren verse encerrados y asfixiados por la presión de pertenecer a un sonido en concreto.

Podemos fijarnos en la cantidad de artistas que enfocan obras suyas a expresamente mezclar estos estilos, y desdibujar esos límites y etiquetas tan pesadas.

Este trabajo de etiquetado lo suelen llevar a cabo participantes de la industria o del mercado, que podrían conformar una suerte de CEOs en el arte musical. Tenerlo todo ordenadito, para poder venderlo, y crear sus propias armas de persuasión para desparramarlas en el mercado y atontar a los consumidores. De estas mismas etiquetas salen las concepciones de “industria musical”, “música comercial” o hecha para el consumo masivo; y demás términos que personalmente me revuelven la tripa.

Recuerdo cuando hace ya bastantes años, seguramente no llegábamos si quiera a los dieciocho, que salíamos algunas veces por Huertas y por Las Letras, recuerdo, es más, no puedo olvidar la cantidad de chavalines repartiendo flyers a diestro y siniestro, prometiendo chupitos, mojitos, noches inolvidables; y yo me entretenía preguntándoles qué música ponían en sus garitos, a lo que casi siempre respondían que comercial, y para divertirme me hacía la inocente pidiendo que me describiesen esa música.

A ver, anécdota a parte, me parece muy significativo, yo por lo menos alucino con que el claim de estos sitios sea la música comercial, y que presuman de ello, supongo que yo ya le he cogido mucha manía al término “comercial”, sobretodo porque me parece ilusorio el que quieran convencerme de que consuma algo que está expresamente hecho para que lo consumamos al por mayor; en la radio, en la tele, en los bares, en las discotecas, en los malditos vídeos de TikTok que inundan las redes…

arte en la musica comercial photo protest

A veces estas opiniones pueden interpretarse como algo pretencioso, elitista o que intelectualiza la música; sin embargo, lejos de mi intención, mi pasión por la música me conduce a la decepción por los productos caducos, perecederos, orientados a la utilidad que precisamente factura billetes en la industria; orientados al consumo de usar y tirar; frente a las piezas musicales creadas con fin de ser experimentadas, admiradas, y perdurar en el tiempo.

La perdurabilidad y la paciencia tienen valor suficiente como para otorgar a la obra la virtud del arte, frente al consumo masivo. Pues la noción de obra para el consumo, música comercial, me recuerda a las ideas de Bauman sobre “la sociedad líquida”. Y tiene sentido que en esta sociedad se genere música para su consumo, igual que consumimos comida, historias de amor de una noche o tecnología. Es la actualidad. Pero para mi, como consumidora, el arte siempre ha implicado un ejercicio de paciencia y expresión interna del que la música comercial se olvida, al situar el foco fuera de sí misma, en las reglas que funcionan, frente a dentro del propio artista que se expresa a través de la música.

En fin, que el claim de un producto sea que su función, su naturaleza, el mensaje que se quiere transmitir a través de la música, es el consumo a discreción y hacer comercio con ello, crea una escisión con la música cuya intención creativa es verdaderamente artística, o innovadora. Música, más personal, o artesanal en el sentido de que perdura más.

La canción del verano

Otro punto a considerar es la durabilidad y estabilidad en el mercado. La música comercial, como el resto de productos capitalistas destinados a aumentar el consumismo, tiene una vida útil ridícula. La propia industria quema sus productos al ametrallarlos sin ton ni son.

La industria de música comercial se alimenta de los avances hechos por la música de las minorías

A mi ego le gusta mucho diferenciar entre música comercial y música, a secas. Entiendo que los avances técnicos, armónicos, estilísticos, y una larga lista de avances de los que alardea la música comercial, todos ellos, son copiados de la música de las minorías, como podemos comprobar revisando la historia de la música, desde el rag-time al jazz, hasta el funk, el disco y el house.

Kraftwerk, por ejemplo, tomó los sintetizadores fabricados manualmente por neo-luthiers e ingenieros musicales centrados en música experimental de principios y mediados del siglo XX, para aplicarlo a la música pop y crear los sonidos tan característicos de esta banda.

La industria musical (comercial) se alimenta de los avances descubiertos por artistas experimentales. Todos los descubrimientos o las invenciones de la música “no comercial” son fagocitados en algún momento por la industria, para aplicarlo a la música para las masas, y creo que ese es el preciso momento en el que personalmente pierdo muchísimo interés en la música comercial.

Debates artísticos en otros campos

Al igual, en el territorio del diseño y el arte también hay debate entre la línea que separa ambos campos, que normalmente se ataja apelando a la intención artística del autor; el arte es como la masturbación, mientras que el diseño es como el sexo. ¿Y por qué esta comparación? Porque el arte es personal, se suele crear para sacarse del alma o de la cabeza sentimientos y emociones, creas para ti mismo; mientras que el diseño tiene un usuario muy claro para el que tienes que enfocar todos los detalles. En el arte puedes ser narcisista, pero en el diseño no se puede dejar de lado la ergonomía o la experiencia del usuario.

Consideremos entonces la intención creadora del artista.



Reggaeton, capitalismo e intelectualidad.

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