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El futuro del ocio nocturno: ¿es posible una fiesta segura?

Escrito por Orfygal:

Es viernes, llevo toda la semana trabajando y necesito salir un poco. Busco en Facebook un plan cultural para la tarde y casi todo lo que encuentro son actividades en streaming. Está bien, pero quiero tomar el aire y socializar. Encuentro algún concierto independiente en un espacio reducido y con aforo limitado que no me atrae especialmente.

Antes de la pandemia, los planes para el viernes se solapaban. Consulto la Guía del Ocio y mis ojos chispean al leer “Festivales de música para este verano”. Rápidamente navego para comprar las entradas pero, como era esperable, están cancelados. En la información de los evento no se especifica con claridad cuándo se celebrarán o si llegarán a hacerlo ni tampoco las medidas de seguridad adoptadas por el covid19.

Esto es Madrid en 2020; un templo de cultura en el que quedan escasas piedras intentando resistir. Supongo que nadie imaginó que la fiesta del futuro iba más de mascarillas que de bailar con cyborgs. Pero algo habremos hecho mal, los clubs nocturnos podían abrir desde el 6 de julio al 40% de aforo con medidas de seguridad dentro de la sala, y un 100% de aforo en la terraza; pero prácticamente un mes más tarde están obligados a cerrar. El 8 de agosto muchos locales de ocio protestaron por las medidas, y el 20 de ese mes se manifestaron online reivindicando #somosocionocturno. Djs, propietarixs de salas, promotores, camarerxs, controladores de acceso, personal de limpieza y clientes de la noche que no quieren dejar caer el sector ni renunciar a su trabajo. Para algunas personas, la cultura, el arte y el ocio nocturno es un estilo de vida y para otras, su fuente de ingresos.

Me gustaría analizar qué hemos hecho mal, sin señalar culpables. Siempre es más fácil echar la culpa a los gobiernos o a agentes externos en lugar de hacerse responsable de lo que no se hizo. Me gustaría encontrar lo que salas, promotores, artistas, trabajadores y público podríamos haber hecho diferente. Porque cuando las ruinas del ocio caigan del todo, cuando ya no se pueda salir de fiesta, nos llevaremos las manos a la cabeza y gritaremos ¡cómo es posible!, sin siquiera asumir que fuimos nosotres quien lo dejamos caer. Que no quisimos, pudimos o hicimos nada para remediarlo.

¿Qué hemos hecho mal?
El primer problema es claramente económico
: salas y espacios que no pueden abrir. Según El Pais:

» El 60% de establecimientos no ha abierto desde marzo y el resto, en condiciones muy duras, con límites de aforo y horario y sin pista de baile. Y el verano, que es el mayor pico de actividad, casi se ha perdido”. Las pérdidas en el sector del ocio son millonarias y demandan un rescate urgente».

Pero lo curioso es que, las que sí podían abrir antes de que se decretara el cierre del ocio, no llenaron su aforo pese a la reducción del 40%, ¿por qué? A muchas personas un viernes o sábado por la noche se nos hacía raro estar en casa, nos faltaba algo: la fiesta, los amigos, bailar, la música, tomar una copa. Pero cuando lo teníamos de nuevo en la palma de nuestra mano, no lo cogimos con fuerza, lo soltamos. La caída del ocio nocturno se debe al segundo problema de la pandemia: la incertidumbre.

La ambigüedad en el control de la pandemia produce una incertidumbre que perjudica a todos los niveles, generando desinformación y desconcierto a la hora de programar y acudir a eventos. Aquellas salas que podrían abrir no lo hacen, o bien porque no sale rentable, o bien por desinformación en las medidas de seguridad o bien porque pueden temer rebrotes, represalias o que el público no acuda. A esto se le suma que el público deseoso de salir, duda; porque cambiamos las fechas de los eventos constantemente: entradas a conciertos y espectáculos devueltas, festivales cancelados, falta de claridad en qué medidas de aplicarán para garantizar la salud. Por ello, a diferencia de la hostelería, el ocio no remonta más allá de eventos en streaming.

La desinformación ha hecho mucho daño, porque muchos eventos podrían haberse celebrado con las medidas apropiadas y la información adecuada. La Comunidad de Madrid publicó en el B.OE. el 20 de junio que desde el 6 de julio: (Fuente: http://www.bocm.es/boletin/CM_Orden_BOCM/2020/06/20/BOCM-20200620-11.PDF )

“las instalaciones abiertas al público aseguran el cumplimiento de la distancia de seguridad haciendo uso de vallas o sistemas de señalización (…) marcada por itinerarios para evitar aglomeraciones (…) y velando los trabajadores por el cumplimiento de las medidas de seguridad” en un aforo limitado al 40% en locales de ocio y 50% en eventos culturales polivalentes. Es decir, sí podíamos organizar exposiciones y espectáculos, sí podíamos salir de fiesta. De hecho, todavía a fecha de hoy podemos organizar exposiciones en espacios polivalentes al 50% de aforo (Fuente: https://www.rtve.es/noticias/20200815/nueva- normalidad-se-puede-hacer-coronavirus-comunidad-autonoma/2019275.shtml ).

Sin embargo, hoy es viernes y no hay apenas eventos programados para esta tarde. La desinformación ha generado la idea errónea de que habrá un momento en el que los eventos se podrán celebrar en las mismas condiciones que antes de la pandemia, y que ese momento llegará. Así, las fechas se posponen bajo la idea de que “cuando las cosas se calmen, se podrá celebrar”; pero esto es falaz y mientras tanto las pérdidas aumentan de un modo que “cuando se pueda hacer” ya no habrá economía para sustentarlo. El presente condiciona el futuro. Hemos asumido la creencia de que para el ocio y la cultura en la nueva normalidad, o hacemos eventos en las condiciones pre pandemia o no los hacemos; y esta lo está destrozando. En cambio, la hostelería se ha reinventado bajo la etiqueta de #turismoseguro pero no hay una #fiestasegura.

El ocio y la cultura en nueva normalidad no equivale a organizar y acudir a un evento en condiciones parecidas a la vida sin pandemia pero con restricciones que “impiden disfrutar de lo que queremos”. La nueva normalidad es aprender a hacer algo completamente nuevo, dar un salto hacia el futuro para disfrutar en condiciones distintas y espacios adaptados. Hemos ido a la peluquería con mascarilla, hemos comprado en una tienda con las manos desinfectadas a la entrada, hemos cenado en la terraza de un restaurante, no hemos hecho cola en el museo del Prado porque la entrada se vende bajo reserva y hemos visto a nuestros abuelos sin darles un beso; ¿por qué obligamos al ocio a que vuelva en las mismas condiciones que antes? Si hay personas que no se han podido despedir de sus seres queridos, se han celebrado velatorios y bodas con límites de aforo, ¿por qué exigimos sólo al ocio que nos devuelva lo que nos daba?

El ocio nos lo puede volver a dar: la euforia, el culto, el encuentro, la música, la adrenalina, la experiencia, el baile. Nos lo puede dar si como público confiamos en él, y si como público también lo cuidamos. Porque le hemos exigido mucho a la vez que lo hemos dejado desamparado.

Las salas y promotores que se intentan reinventar se encuentran con multitud de trabas:

Problemas de financiación, desconcierto y ausencia de público, ambigüedad en las formas de actuación para la seguridad de los eventos, una imagen pública del ocio como espacio inseguro y de riesgo. Barreras que, finalmente, conducen a que la opción más fácil sea cancelar; pues es toda una odisea programar un evento ahora. Pero ni salas ni promotores hemos sido claros con el público, los eventos están desactualizados en cuanto a las medidas de seguridad que se van a cumplir, también en cuanto a lo que ofrecemos y garantizamos, en torno a la necesidad de sumar al público a nuestra lucha por mantener el ocio y responsabilizarle, les hemos mareado cancelando eventos. Todos estos cambios no dan la seguridad necesaria para que el ocio vuelva a ser un hábito, a diferencia de la confianza que ya se ha conseguido, depositada en restaurantes, terrazas y hoteles.

La imagen del ocio es de lugar de riesgo, lugar inseguro, y finalmente lugar al que el público no accede. Hemos visto en las redes sociales vídeos de público sin mascarilla ni distancia de seguridad, imprudencias cometidas o fiestas clandestinas. Hemos leído titulares de periódicos donde se culpa a la juventud de los picos en los contagios y especialmente al ocio nocturno; al que se atribuyen la mayoría de rebrotes. Sin embargo, “según

https://elpais.com/economia/2020-08-22/la-

noche-lucha-por-sobrevivir.html )

A esto se le suma una problemática real, y es la desinhibición que genera el alcohol en el comportamiento humano, la cual dificulta cumplir con las medidas de seguridad. Es ingenuo pasar por alto el riesgo de la deshinibición junto con la masificación; pero es salvable. En primer lugar porque la masificación se da en muchos lugares: hemos visto las grandes colas del Primark y la masificación de personas de la tercera edad sin distancia de seguridad en las misas celebradas en las fiestas de la Paloma, o imágenes del metro de Madrid abarrotado y con tiempos de espera superiores a lo habitual que implican que haya más personas aglutinadas en cada vagón. En segundo lugar, la gente no va a las discotecas sólo para emborracharse sino para vivir una experiencia y en los bares también se vende alcohol que se puede consumir sin mascarilla en la terraza. Si otros sectores se han adaptado, el ocio también puede hacerlo; y me niego a pensar que tengamos una juventud de irresponsables y estúpidos. Confío que tenemos una juventud lo suficientemente formada, culta, creativa y comprometida como para ser capaz de apoyar los bienes culturales y de ocio de los que disfruta. Hago un llamamiento a la juventud para que cambiemos los titulares del periódico.

Una fiesta segura: soluciones
La primera solución
está en las manos de la administración y es la financiación. Más allá de eso, hay varias soluciones que están en nuestra mano.

Una solución para promotores y salas es INFORMAR. Informar quiere decir anunciar en los eventos qué medidas sanitarias se adoptan haciendo referencia a los últimos datos publicados en el B.O.E.: los límites de aforo, los protocolos de limpieza y desinfección, las medidas de seguridad adoptadas y el cumplimiento de estas por parte del público. Es decir, hay que decirles lo que vamos a hacer por ellos y lo que ellos tienen que hacer por nosotres:
las salas y promotores pueden dar la confianza de que son garantes de la seguridad del público y que no le van a poner en riesgo. Hay que tener en cuenta que la mayoría del público está desinformado de lo que se puede hacer y lo que no, y es nuestro deber facilitar el acceso a esa información. Obviamente, además de informar, hay que GARANTIZAR EL CUMPLIMIENTO DE LAS MEDIDAS SANITARIAS VIGENTES. Incluso, estas se pueden reforzar con medidas extras como tomar los datos de todos los asistentes por su hubiera un rebrote para que los rastreadores puedan gestionarlos, incluso con la reserva de la entrada facilitar el test del covid19 como ya se ha hecho en algunos hoteles de España, limitar la venta de alcohol para contener la desinibición que podría causar conductas de riesgo o disponer de mascarillas gratuitas en la sala; o incluso vender mascarillas solidarias para apoyar al sector.

Ahora bien, también está en manos del público aprender a disfrutar de una fiesta segura. Hay que acostumbrar al público a volver a acudir al garantizarle que no se les ha puesto en riesgo

datos facilitados por el

Ministerio de Sanidad, de los 1.777 brotes registrados desde el fin del estado de alarma, solo 58 estaban vinculados a locales de ocio (el 3,2%), pero eran responsables de 2.700 de los 18.968 casos de covid-19 (el 14,2%)”.

Para que vuelvan a sus hábitos de ocio y estos no se gestionen en fiestas clandestinas. Necesitamos un público que no olvide el confinamiento y esté motivado por disfrutar con responsabilidad. Y necesitamos contarle que el disfrute, el ocio, la cultura y el arte también son espacios a defender, que sin su ayuda o apoyo, desaparecerán. El personal de sala puede obligar a cumplir las medidas de forma estricta, pero el público debe aprender a relacionarse y disfrutar en estas condiciones. Para la mayoría, una fiesta segura no es especialmente atractiva, ¿pero es mejor estar un año sin fiesta? Me pregunto qué tiene de malo bailar con mascarilla. Los promotores podemos reinventar el atractivo de una fiesta segura, por ejemplo añadiendo efectos audio visuales que potencien la experiencia del usuario, haciendo eventos al aire libre separando a las personas en reservados, y facilitando la interacción con el público en la distancia.

Gran parte de lo que se busca en una fiesta es relacionarse, y podemos seguir haciéndolo respetando la distancia. Por ejemplo, podemos hacer que el público se relaciona en la distancia haciendo concursos de baile que se voten entre las mesas. Y la solución que me resulta más interesante de todas: REINVENTARSE. Esto es: meter más arte y cultura en la noche y celebrar ocio de día al aire libre. Estos tres sectores ampliamente afectados pueden unirse para generar una nueva experiencia en el consumidor. Es posible que a muchas personas no les atraiga estar con 9 amiges en un reservado, pero ¿y si además en ese local puedes ver una exposición de arte en color fluorescente? ¿o y si entre las mesas sucede una performance en vivo? ¿irías a una exposición a plena luz del día donde se esté pinchando música? ¿y si el club cuenta con una app para ligar con las personas que están en la sala? ¿y si te puedes tomar una copa mientras compras ropa a marcas emergentes al aire libre?

La palabra evento se define como “eventualidad, hecho imprevisto o que puede acaecer” y cobra otro significado como “un suceso importante y programado, de índole social”. ¿A qué renunciamos si renunciamos a los eventos? Renunciamos a experiencias. Mi última pregunta es: ¿qué nombre le ponemos al concepto de “fiesta segura en la nueva normalidad”?

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